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Archive for February 2013

Mindfulness del día-a-día (1)

Quiero aprender a comer más despacio. Aprender a saborear y dar valor a lo que tengo delante del plato, y que sé que en el espacio de unas horas va a formar parte de mí... a ser componente de organismo. Mis emociones surgirán del nivel energético que tenga el cuerpo. Mis pensamientos surgirán del estado en que estén mis emociones. Algunos pensamientos me llevaran a despertar del sueño automático, y recordar la importancia de observar. 

He descubierto que es más fácil que atienda a lo que como si me lo preparo yo mismo. Solo por el coste y la atención de la preparación, a uno le da más "rabia" terminar en unos pocos minutos con lo que ha tardado tiempo en hacerse. Lo que cuesta poco, acaba valorándose poco.

Enciendo la vitrocerámica que sustituye al tradicional fogón. Fuego... un símbolo de transformación. Aparece en la vitro contenido, una transformación limpia, uniforme.. y ¡ordenada en forma de laberinto!... La comida que voy seleccionando con amor, deshechando aquello que no deseo forme parte de mí... contemplo como se mueve al ebullir. Da saltos de alegría al saber que su muerte ha sido para algo... que volverán a tener vida en mi interior. Honro a la comida, y ella me honra. 

El laberinto de la vitro se conecta con el que tendrá que atravesar la comida en la digestión, al pasar por los intestinos. El momento último del proceso donde cada componente pasará a la sangre. Todo lo que mentalmente cuesta asimilar, se simboliza en el ritual de la digestión, y en la gran odisea que supone cada parte del proceso. Se realizará de forma automática... así que lo único que está de mi parte es que se de en un ambiente distentido, relajado... y que me permita estar atento a lo que sucede.

Sin tele. Sin conversación externa ni interna. Solo ante la comida. La primera parte es voluntaria si la hago consciente. Observo los colores. Huelo los olores. Intuyo las texturas antes de saborearlas... Cada bocado merece su cata de mindfulness... de atención plena. Gozo cada bocado, y con él... gozo de cada instante que se va presentando en mi vida. Mastico con delicadeza... como señal de agradecimiento. El camino será más fácil si los trozos son más pequeños... y están bien salivados.

¡Vaya, me dejé la vitro encendida!

Respiro, y antes de machacarme apagándola con violencia... prefiero dedicar un tiempo a observar la belleza del precioso mandala que forman las resistencias candentes en su superficie...

José Miguel Sánchez Cámara

 

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Serenidad en el bullicio

"Si tu inteligencia y capacidad son correctos, no necesitas escuchar los aforismos y relatos de los antiguos maestros Zen. Permanece atento desde el mismo instante en que te despiertas, aquieta tu mente, vigila cuidadosamente todo cuanto digas y hagas y contempla de dónde proceden todos los fenómenos. Si puedes atravesar atento todas las situaciones, ¿qué necesidad habrá de cambiarlas? Sólo entonces podrás ir más allá del “Zen”, superar toda convención y descubrir un templo de pureza, serenidad y carencia de esfuerzo en medio del bullicio." Maestro Zen Yuan Wu (1063-1135)

Según se cuenta, Yuan Wu acabó quemando sus propios aforismos, ya que sus discípulos no parecían entender nada en ellos. Hay una fase del camino de crecimiento que implica rodearse de personas que estimulen nuestro crecimiento. Amigos, parejas, maestros... y buenos libros. Esta fase lleva a que nuestra "inteligencia y capacidad" sean lo suficientemente "correctos" como para dejar atrás la importancia del "contenido" del aprendizaje.

Una vez podemos cerrar los libros y dedicarnos a vivir con los nuevos ojos que nos han prestado, todo aparece con carácter renovado. Aunque veas lo mismo todos los días... te das cuenta de que nunca hay nada exactamente igual. Aprecias los detalles, las pequeñas diferencias. Las saboreas tal cual se presentan, sin ningún impulso por cambiarlas para que se acomoden a nuestros gustos o intereses.

Aparece la actitud contemplativa ante la vida, que va relegando a la actitud depredadora y controladora con la que solemos funcionar habitualmente. Desde la actitud controladora podemos tratar de crear paraísos artificiales en los que poder meditar sin que nadie nos moleste. Espacios ociosos, libres de trabajo... relajados... vacacionales.

El zen nunca fue de crear realidades paralelas. Todos estos retiros del alma, necesarios también en muchas partes del camino, nos conducen a aprender a calmar las emociones, a aquietar nuestra mente. El proceso ha llegado a su culminación cuando, desde la observación, podemos conservar la serenidad en medio del bullicio, y del ajetreo cotidiano de los mil quehaceres. ¿Quién hace? ¿Es necesaria la tensión para hacerlo? Suelta... y la vida se va haciendo a sí misma. No vivimos una vida... somos vida.

José Miguel Sánchez Cámara

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Aprender a pensar con el corazón

Históricamente las emociones han sido vistas como evolutivamente inferiores a los pensamientos, más propios de otras especies mamíferas que del "homo sapiens sapiens". Se ha pensado al ser humano principalmente como "hombre", adjudicándole las características de lógica y racionalidad que tanto esfuerzo ha necesitado para proclamar la superioridad de lo masculino sobre lo femenino. Lo racional sobre lo emotivo. 

En términos psicológicos, se ha tildado a lo femenino de histérico, emocionalmente inestable... el caso es que desde tiempos del señor Freud, la psicoterapia ha parecido asistir a estas mujeres tan demandantes de un masculino que las contenga y escuche. Pero la función principal del psicoanálisis, que no en vano centra su éxito social en hablar de lo innombrable, del tabú sexual, (para racionalizarlo y definir qué es sano e insano...) fue acabar con los intentos "histéricos" del feminismo por cambiar el orden y estructura social.

En el seno del conflicto en las parejas de hoy se reproduce un drama históricamente irresuelto: el del acceso y reparto de un poder público, hasta ahora reservado al masculino. La mujer actual es arrolladora, y deja realmente en la estacada al impávido hombre. ¿Por qué es esto así? Primero, por influencia de la educación, que tan hábilmente el hombre les había negado el derecho por suponer su incapacidad intelectual. El hombre ya no puede ponerse por encima en su nivel de argumentación lógica.

Pero mucho más importante que esto, es la enorme inteligencia emocional que ha desarrollado la mujer al mantenerse en contacto con sus sentimientos y su vulnerabilidad. La emoción es más compleja y más propia del ser humano incluso que el pensamiento. La emoción humana no tiene parangón en el resto de seres vivos. Mientras que el pensamiento tan solo se refiere a un componente frío, cognitivo, la emoción está compuesta de partes cognitivas, afectivas, energéticas y comportamentales. Saber que uno está triste, es un proceso mucho más complejo de lo que suponemos. Llegar a ponerse la etiqueta de "estoy triste" es en realidad un proceso cognitivo, antes se han desencadenados procesos "sin palabra" que implican sentir... Justamente aquello que el hombre ha evitado durante la historia del patriarcado, para poner a buen recaudo su natural vulnerabilidad.

Los estudios hacen ver que la experiencia subjetiva de la emoción, el sentimiento, es incluso más intenso en los hombres. Algo que ni van a expresar, ni seguramente sepan expresar en muchos casos... ya que el lenguaje emocional se aprende en interacción social. Las emociones no son un tema de hombres. El desarrollo de la inteligencia emocional hace que la mujer sea más eficiente y exitosa tanto en casa como en el trabajo...

A veces sin ser consciente, la mujer plantea sutiles batallas que tratan de resarcir la memoria de dolor de las madres y abuelas de la familia, cuando no de la propia vida. El hombre ha sido educado para no competir con mujeres... y se pierde completamente, desarmado ante el primer "me haces sentir...". Así que va perdiendo espacios tanto en los estudios, en el trabajo, como en casa. Si trata de competir, no deja de meter la pata... realmente no sabe cómo actuar de forma coherente con lo que su pareja está sintiendo.

Podemos acabar relegados a la posición de zánganos de la colmena si no hacemos algo por comenzar a aprender a pensar con el corazón. Explorar terrenos donde aparece una motivación más perdurable, y valores que guían la conducta que realmente están más allá de lo material y del análisis racional coste-beneficio, y comienza a abrirse todo un campo de sentimientos que llevan hacia el altruismo y el interés general.

Pero no solo los hombres tenemos que aprender a pensar con el corazón. Las mujeres han tendido a confundir el corazón con la corazonada, el presentimiento, el apasionamiento... que hace que en realidad sitúa a muchas decisiones en un bajo nivel de conciencia. Presa de automatismos evolutivos que expresan emociones como celos, posesividad, envidia, inseguridad... que hacen que el sistema sea inestable. Se necesita entonces la pura presencia física del masculino, como tótem de seguridad y de estabildad. La mujer en realidad podría aprender del hombre a controlar la impulsividad, a observar y tomar distancia... a respirar.

Para hacer que la pareja funcione, (y para hacer que la sociedad funcione...) resulta imprescindible aprender unos de los otros. Nosotros aprendemos a sentir y expresar. Ellas a observar lo que sienten, y a gestionar con sabiduría las emociones. Cuanto más nos independizamos unos de otros, más espacio comienza a surgir para que nos una el amor en lugar de la dependencia.  

José Miguel Sánchez Cámara

 

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Atención: Salir de la Red Neuronal por Defecto

A uno le gustaría pensar que recobra fuerzas cuando echa una cabezadita y, por un momento, dejas de enfocarte en los serios temas del trabajo y la familia para tomar un descanso y dejar vagar la fantasía. Nos imaginamos que damos vacaciones a nuestras neuronas, y que podemos dejar la maquinaria cerebral funcionando al ralentí.

Pues bien, contrariamente a esta creencia popular, la neurociencia viene mostrando que la mayor parte del consumo energético del cerebro se da en estado de reposo. Un 70% de la energía que consume el cerebro de despliega en circuitos neuronales que no están en relación con acontecimientos conscientes. Ciertas áreas parietales (arriba de la cabeza, a los lados) se activan espontáneamente comunicándose información de forma automática. El ruido de fondo de esta "energía oscura" aparece no solo en estado de vigilia, sino en el sueño ligero y en estado de anestesia. 

 Cuando pasamos a prestar atención en algo, realizando así una actividad consciente y enfocada, tan solo se incrementa este consumo en un 5%. Por otro lado, se ha descubierto que la actividad basal energética de estas regiones (asociadas a recuerdos personales) cae en picado. Antes de descubrir que formaban todo un sistema en red, lo llamaron "área parietal medial misteriosa".

Un sistema que tiene prioridad sobre el resto de procesamientos, hasta que hay que prestar atención a señales sensoriales novedosas o inesperadas. Se puede incluso llegar a predecir cuando una persona va a cometer un despiste atendiendo a la actividad del RND. Si aumenta su actividad, es mucho más probable que desatendamos y cometamos un error. Parece ser que las personas con Alzheimer comienzan a funcionar únicamente con este sistema, y que las personas con depresión tienen graves dificultades para salir de este sistema. La sensación de "estar en el propio mundo" es tal, que se está también investigando su funcionamiento en personas con esquizofrenia, sin resultados aún concluyentes. 

Para la matemática y filósofa Annie Marquier esta red neuronal, tan asociada a los recuerdos personales biográficos, correspondería al comportamiento robótico del llamado "ego personal", un programa de predicción y control instalado en el miedo, que nos ha permitido sobrevivir como especie. Como reflejan los estudios, todo el trabajo de incremento de la atención consciente que se realiza desde "mindfulness" resulta la única manera de que el cerebro se tome un respiro de esta actividad basal dispersa. Por otro lado, Marquier, en línea con los estudios del instituto Heartmath, ven en el corazón a la sede de un tipo de consciencia y coherencia que nos saca de las garras de lo automatizado e inconsciente, con sabiduría y compasión.

A la atención se le suma una consciencia de orden superior, producto del trabajo de coordinación de la neuronas que constituyen el 70% de las células del corazón, y que nos permite aportar orden y concierto incluso a la actividad inconsistente y frenética de los recuerdos que se disparan automáticamente desde la RND. La clave por tanto está en permanecer atentos y compasivos ante lo que sucede en nuestra mente, lo cual va desprogramando ideas y creencias de baja calidad, que llevan a decisiones de baja calidad en nuestra vida.

La atención permite tomar decisiones más coherentes y conscientes, integradoras de más información presente en el medio, y de forma más eficiente en cuanto a consumo energético y tiempo empleado. Nos ponemos entonces en manos de la enorme inteligencia de la intuición. 

José Miguel Sánchez Cámara

 

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http://www.investigacionyciencia.es/investigacion-y-ciencia/numeros/2010/5/la-red-neuronal-por-defecto-1436

http://www.casadellibro.com/libro-el-maestro-del-corazon/9788492545223/1659822