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Buscar sentido a la vida

¿Acaso la vida tiene un sentido, más allá del de perpetuarse?

Los primeros seres que surgieron en este planeta del mundo inorgánico siguen aún entre nosotros, perfectamente adaptados a su medio. Bacterias, virus, algas verdes microscópicas... seres unicelulares que seguramente serían los únicos en sobrevivir a un nuevo cataclismo en la Tierra. ¿Para qué entonces esa fuerza que lleva a generar estructuras más complejas e inestables, proyectos de nuevos seres vivos que quedan muchas veces extinguidos como bocetos del camino hacia algo?

Desde el enfoque transpersonal la Vida se complica la vida porque, incluso desde antes de su aparición, el universo entero está conformado para dar luz a un proyecto de autoconciencia. El universo entero no aparece realmente hasta que una conciencia similar a la humana puede contemplarlo. Como una cerilla en la oscuridad, la conciencia da luz a un mundo sumido en la inconsciencia de lo que no es capaz de percibir. 

No cabe duda de que la actual conciencia humana es un boceto más dentro de ese proyecto evolutivo que en algún momento alumbrará a un ser consciente y despierto. También queda bastante claro que, si bien es posible que una nueva mutación genética haga más viable y plausible ese proyecto atman (en palabras de Wilber), quizás sea la práctica de la meditación la encargada de abrir las necesarias avenidas neuronales que permanecen a la espera de ser educadas. Parece que la vía reeducativa y terapéutica es el camino actual, y que los estratos evolutivos precedentes sedimentados en nuestro cerebro se reorganizan cuando la conciencia de testigo toma los mandos del sistema nervioso humano. 

Resulta también evidente que una pequeña y efímera vida humana es tan solo una cadena en ese proyecto mayor de la Vida. Una vida que da la espalda al gran proyecto tiende a perder sentido, al igual que aquel obrero medieval que se dedicó a superponer piedras cada día pudo perder perspectiva si no era consciente de que su esfuerzo estaba dedicado a construir una catedral que, posiblemente, no vería completada ni podría disfrutarla en vida. Todas las vidas humanas tienen sentido, por lo tanto, pero no siempre podemos ser conscientes de ello. Las muertes prematuras de bebés, o muertes trágicas de personas en la flor de su vida nos hacen plantearnos que hay vidas que no alcanzan sentido pleno en sí mismas, sino que sus vidas aportaron un significado especial a los seres cercanos que quedan con vida, con la posibilidad de expandir aún más su conciencia al atravesar el duelo necesario.

Seguramente cada uno está llamado a servir a este Gran Proyecto de la Conciencia, lo sepa o no, y no exista posibilidad de escapar a nuestro destino. Al final sucede lo que está llamado a suceder. Sin embargo, desde nuestra mente humana limitada e insegura, no podemos dejar de realizar actos conscientes de interpretación de nuestras vidas. Somos en realidad pequeños literatos que seleccionan recuerdos del pasado para dar coherencia a historias que nos lanzan al futuro, en cada toma de decisiones que realizamos en el presente.

La calidad de estas narraciones sin duda es importante... y si este texto te toca, quizás estés llamado a aprender a generar estas historias desde lo profundo de tu corazón... justamente el lugar en el que el mundo se crea en cada instante. Parece que es hacia aquí donde señala la evolución de la conciencia. 

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