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Relaciones

Aprender a pensar con el corazón

Históricamente las emociones han sido vistas como evolutivamente inferiores a los pensamientos, más propios de otras especies mamíferas que del "homo sapiens sapiens". Se ha pensado al ser humano principalmente como "hombre", adjudicándole las características de lógica y racionalidad que tanto esfuerzo ha necesitado para proclamar la superioridad de lo masculino sobre lo femenino. Lo racional sobre lo emotivo. 

En términos psicológicos, se ha tildado a lo femenino de histérico, emocionalmente inestable... el caso es que desde tiempos del señor Freud, la psicoterapia ha parecido asistir a estas mujeres tan demandantes de un masculino que las contenga y escuche. Pero la función principal del psicoanálisis, que no en vano centra su éxito social en hablar de lo innombrable, del tabú sexual, (para racionalizarlo y definir qué es sano e insano...) fue acabar con los intentos "histéricos" del feminismo por cambiar el orden y estructura social.

En el seno del conflicto en las parejas de hoy se reproduce un drama históricamente irresuelto: el del acceso y reparto de un poder público, hasta ahora reservado al masculino. La mujer actual es arrolladora, y deja realmente en la estacada al impávido hombre. ¿Por qué es esto así? Primero, por influencia de la educación, que tan hábilmente el hombre les había negado el derecho por suponer su incapacidad intelectual. El hombre ya no puede ponerse por encima en su nivel de argumentación lógica.

Pero mucho más importante que esto, es la enorme inteligencia emocional que ha desarrollado la mujer al mantenerse en contacto con sus sentimientos y su vulnerabilidad. La emoción es más compleja y más propia del ser humano incluso que el pensamiento. La emoción humana no tiene parangón en el resto de seres vivos. Mientras que el pensamiento tan solo se refiere a un componente frío, cognitivo, la emoción está compuesta de partes cognitivas, afectivas, energéticas y comportamentales. Saber que uno está triste, es un proceso mucho más complejo de lo que suponemos. Llegar a ponerse la etiqueta de "estoy triste" es en realidad un proceso cognitivo, antes se han desencadenados procesos "sin palabra" que implican sentir... Justamente aquello que el hombre ha evitado durante la historia del patriarcado, para poner a buen recaudo su natural vulnerabilidad.

Los estudios hacen ver que la experiencia subjetiva de la emoción, el sentimiento, es incluso más intenso en los hombres. Algo que ni van a expresar, ni seguramente sepan expresar en muchos casos... ya que el lenguaje emocional se aprende en interacción social. Las emociones no son un tema de hombres. El desarrollo de la inteligencia emocional hace que la mujer sea más eficiente y exitosa tanto en casa como en el trabajo...

A veces sin ser consciente, la mujer plantea sutiles batallas que tratan de resarcir la memoria de dolor de las madres y abuelas de la familia, cuando no de la propia vida. El hombre ha sido educado para no competir con mujeres... y se pierde completamente, desarmado ante el primer "me haces sentir...". Así que va perdiendo espacios tanto en los estudios, en el trabajo, como en casa. Si trata de competir, no deja de meter la pata... realmente no sabe cómo actuar de forma coherente con lo que su pareja está sintiendo.

Podemos acabar relegados a la posición de zánganos de la colmena si no hacemos algo por comenzar a aprender a pensar con el corazón. Explorar terrenos donde aparece una motivación más perdurable, y valores que guían la conducta que realmente están más allá de lo material y del análisis racional coste-beneficio, y comienza a abrirse todo un campo de sentimientos que llevan hacia el altruismo y el interés general.

Pero no solo los hombres tenemos que aprender a pensar con el corazón. Las mujeres han tendido a confundir el corazón con la corazonada, el presentimiento, el apasionamiento... que hace que en realidad sitúa a muchas decisiones en un bajo nivel de conciencia. Presa de automatismos evolutivos que expresan emociones como celos, posesividad, envidia, inseguridad... que hacen que el sistema sea inestable. Se necesita entonces la pura presencia física del masculino, como tótem de seguridad y de estabildad. La mujer en realidad podría aprender del hombre a controlar la impulsividad, a observar y tomar distancia... a respirar.

Para hacer que la pareja funcione, (y para hacer que la sociedad funcione...) resulta imprescindible aprender unos de los otros. Nosotros aprendemos a sentir y expresar. Ellas a observar lo que sienten, y a gestionar con sabiduría las emociones. Cuanto más nos independizamos unos de otros, más espacio comienza a surgir para que nos una el amor en lugar de la dependencia.  

José Miguel Sánchez Cámara

 

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