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personalidad

Sácame de mis casillas, por favor

Llevo toda la vida tratando de encontrar las mejores "casillas" en las que hacer que la realidad me cuadre. Me han enseñado toda la vida a hacerlo, sobre todo en el mundo académico. Parece como que puedes controlar más algo cuando encaja en una categoría mental. Parece. Dicen los psicólogos que los esquemas mentales, y con ellos los prejuicios, hacen que consumamos menos recursos atencionales. Necesitamos que todo aparezca de forma simple en nuestra cabeza para poder ir más rápidos y no prestar demasiada atención a cada persona con su biografía única, ni tampoco a todo aquello que ya creemos conocer. Vamos tan felices con nuestra cabeza cuadrada en la que tratamos de meter la realidad, como un saco de dormir en su bolsa. Toda la realidad cabe en la cabeza de cada uno, si la forzamos lo suficiente. Y cada uno luego ve su propia realidad deformada, creyendo que es la verdad.

Como el sistema hace aguas, tenemos que dedicar toda la energía que no dedicamos a atender a convencer a los demás de que nuestras casillas mentales, en las que ordenamos lo que vemos, son las más adecuadas. En el fondo todos sabemos que nuestras estructuras mentales están sujetas con pinzas... así que no soportamos bien que nos contradigan. Me pregunto si estoy equivocado, y entonces tengo miedo de que se me vayan esas pinzas... y los velos que me distancian de lo real se vayan volando con el viento. ¡Qué miedo, con todo lo el tiempo que me costó hacer esas coladas... y todo lo que he sufrido en balde por ellas!. Después de todo... ¿Acaso no soy yo esas casillas con las que percibo la realidad, mi punto de vista único? Pero por otro lado... si consiguiera convencer a todo el mundo de que pensara como yo... ¿Entonces en qué me diferenciaría de los demás? - El eterno drama de la falta de cimientos del ego. 

Cuando me doy cuenta de toda esta locura, permito que "se me vaya la pinza", la pinza que sujeta lo que no es sólido en mi personalidad. Me abro a la realidad deseando que venga alguien a sacarme de mis casillas. Me doy cuenta de que si no quiero que esto suceda, mejor será no tener pareja ni hijos. Ellos nos sacarán permanentemente de las casillas, por la intensidad del vínculo que nos une. Si no quiero que nadie me saque de mis casillas, mejor aislarme. Los demás serán vistos como tóxicos que me invaden. Para terminar de creerme que soy lo que pienso de mí, mejor no hacer caso a nadie... y terminar entonces de volverme loco. ¡Al fin tengo razón, el mundo es como yo lo veo! 

Mejor sácame de mis casillas, por favor. 

 

 

La profundidad de la máscara

Lo profundo ama la máscara. Friedrich Nietzsche

El origen griego de la palabra personalidad la asocia a la idea de máscara. De esta manera, presentamos la terapia transpersonal como aquella que nos ayuda a vivir de manera más auténtica, liberados de la falsedad y la pesadez de vivirse desde las diferentes máscaras sociales con las que nos ocultamos. Desde luego esta forma de entender lo transpersonal tiene un gran atractivo, dado que la mayoría de nosotros sentimos que nos gustaría podernos expresar más tal cual somos. Tanto más cuando vemos que el amor de los demás hacia esas facetas que mostramos no nos llega de forma profunda, y que esas máscaras tampoco nos permiten entregar de forma auténtica nuestro amor, inmersos en la mascarada de la protección de nuestros sentimientos genuinos.

Pero ¿Quién es el Yo que se oculta tras la máscara? Ese yo esencial que señala la filosofía perenne además de transpersonal es impersonal. Así como hay una atracción que lleva a irse viviendo con menos máscara según maduramos y confiamos más en nosotros mismos, dependiendo menos de la aprobación o el juicio ajenos, también es cierto que hay una fuerza de identificación, opuesta a la anterior, que intuye una muerte de todo lo que creemos ser al desnudarnos y quedarnos desprovistos de toda máscara... 

¿Sucede realmente esto así? Si nos fijamos en ejemplos de maestros que supuestamente han conseguido vivir libres de toda máscara, liberándose en vida (moksha)... ¿Acaso no mantienen una personalidad diferenciada? Parece por tanto necesario reconocer, a medio camino entre el yo esencial, que ni nace ni muere, y el juego de mecanismos protectores de la máscara, que todos nacemos con una forma de ser única. Una forma de ser genuina tan esencial y sagrada como el mismo Ser que la origina. Cuando nos mostramos auténticos somos fieles a esta forma de ser, y salimos del juego de engaño/autoengaño. Realmente sacar a la luz esta forma de ser es autoconocimiento y uno de los objetivos de una terapia transpersonal. Propongo discernir entre esta forma de ser, que es nuestra alma, coloreada de un propósito determinado, del yo esencial que atestigua,  lo que hemos llamado espíritu, trascendente e idéntico a la esencia del Universo.

Siguiendo la tradición tántrica, este ser individual idéntico al ser universal, por puro disfrute y gozo, crea lo múltiple y se disfraza de cada entidad separada que conforman los elementos diferenciados de este universo. De esta manera, al igual que vemos que nuestra forma de ser también tiene un origen "divino"... ¿cómo no iba a serlo también la máscara en la que se termina de ocultar? Cobra para mí pleno sentido aquel aforismo de Nietzsche que señalaba la profundidad de la máscara.

El camino de la compasión que caracteriza la terapia transpersonal lleva a observar con curiosidad la belleza del mecanismo de protección, del autoengaño final en el que se enrosca el ser... El que es introvertido pero se esfuerza en aparentar ser extrovertido es todo un personaje de novela... es interesante, misterioso y profundo. De alguna manera, en la intimidad de la amistad cercana y en el espacio de protección y seguridad que ofrece una terapia, uno desvela su verdadera forma de ser y entonces se vuelve especialmente valiosa la interacción. Mostrarse es un regalo, y saber ocultarse acaba siendo todo un arte... cuando se hace de manera consciente. 

El ideal de mostrarse con autenticidad en todo lugar y momento resulta regresivo e ingenuo. Sin embargo, el autoconocimiento y la progresiva disolución del autoengaño, permiten que uno conserve su inocencia y no pierda el centro cuando toca ejercer el papel que toque en la vida. Vivir liberado implica el poder escoger la máscara social más apropiada, sin perderse en ella. De alguna manera, nuestra forma de ser auténtica acaba irradiando a través de todas ellas. En el fondo siempre somos nosotros mismos lo que actuamos, ya sigamos el método dramático de identificarnos con el personaje (método stanislavski) o de no disolvernos en él, para hacerlo más eficaz. Vivir desidentificado de la máscara sin duda alivia el drama existencial... pero es necesario comprender la función y necesidad de la máscara, así como su conexión con lo profundo. La mirada transpersonal consigue ver a través de la máscara del paciente y, puesto que esto no es sencillo, adquiere todo su valor y profundidad.