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neurociencia

Neuronas espejo e inteligencia emocional

El niño mira el mundo embelesado... observa, e imita. Una capacidad potenciada por neuronas especialmente activas en los primero años de vida: las neuronas espejo. Neuronas que se activan de la misma forma cuando observan un movimiento fuera, que cuando es realizado por la propia persona. El desarrollo humano lleva a que una gran cantidad de información percibida sea procesada de forma inconsciente, reaccionando a ella emocionalmente. Información contenida en el rostro, en gestos faciales y corporales, que comenzamos a imitar internamente.

Determinadas personas tienen la capacidad de reconocer rápidamente cómo se sienten las personas que observan. Dado que se ha investigado que las personas con autismo presentan un mal funcionamiento en estas neuronas, cabe plantearse que pueda existir una relación entre la empatía y el desarrollo de estas neuronas. Revelado su funcionamiento automático, parece indicar que, de forma insospechada, la educación emocional pueda ejercitarse en los primeros años de vida a través de juegos de imitación psicomotriz. 

En el adulto esta capacidad, ligada a la inteligencia emocional, podría desarrollarse llevando la atención consciente a las expresiones faciales de nuestro interlocutor. Una atención relajada, sin intención de "analizar", que permite que estas neuronas realicen su función, y dándonos permiso para sentir cómo surgen estas emociones en nuestro interior. Hemos aprendido a defendernos de nuestras propias capacidades empáticas. Nos incomoda llorar al ver una película dramática. Nos incomoda sentir la desesperación del que nos pide dinero en la calle. Vamos aprendiendo, de esta forma, a insensibilizarnos.

La inteligencia del corazón lleva a un manejo más sabio de nuestra empatía. Una inteligencia que podemos ejercitar y desarrollar a medida que podemos observar nuestras emociones. Un paso atrás que puede permitirnos sentir, a la vez que nos hacemos conscientes del origen externo de esa reacción emocional. Por lo general se evita a las personas que comparten su tristeza, porque nos hacen sentirnos tristes, lo que nos lleva a conectar con recuerdos propios congruentes con ese estado emocional. La clave para poder acompañar inteligentemente el estado emocional ajeno es poder darnos cuenta de que lo que estamos sintiendo en realidad es reflejo de lo que siente la persona acompañada. Las vemos como emociones prestadas de las que no tenemos por qué hacernos cargo. En este sentido la tristeza que estoy sintiendo al hablar con una persona que está triste, puedo darme cuenta de que "no es mía". Si hablo con una persona enfadada, puedo sentir las reacciones típicas del enfado, reconociendo que esa ira tampoco es de uno. 

Esta observación y cambio de atribución lleva aparejada una suerte de profilaxis emocional. En situaciones de contagio emocional como una situación de pánico, uno puede observar cómo está respirando estas emociones de las personas que nos rodean, sin actuar de forma automática y reactiva. La posibilidad de mantener la calma y la serenidad, a la vez que se permite la empatía, hace que sin embargo nuestras acciones sean más congruentes con lo que están sintiendo nuestros interlocutores. De esta forma, usamos de forma inteligente nuestro espejo biológico emocional, cuando podemos ser conscientes de que lo que sentimos es un reflejo. Reconocemos que el cuchillo que vemos reflejado en el espejo, aunque pueda asustar, no nos va a cortar. Dejamos de temer a estas emociones prestadas, que a modo de radar, nos aportan información relevante del entorno. 

Vivir desconectados de la capacidad de observar nuestras emociones, sumado al hecho de no querer escucharlas, puede hacer que este mecanismo reflejo funcione de forma inversa, tiñendo y distorsionado la realidad percibida. Vemos entonces nuestras propias emociones en el espejo que nos muestran los demás. Ese rostro que ves triste, entonces... ¿es reflejo de tu propia tristeza? La habilidad para discernir entre las emociones que son mías y proyecto en los demás, y las que son de otros y resuenan en mi campo de percepción, da cuenta de una vida emocional equilibrada, y fundamenta el desarrollo de la inteligencia emocional.

José Miguel Sánchez Cámara

 

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Atención: Salir de la Red Neuronal por Defecto

A uno le gustaría pensar que recobra fuerzas cuando echa una cabezadita y, por un momento, dejas de enfocarte en los serios temas del trabajo y la familia para tomar un descanso y dejar vagar la fantasía. Nos imaginamos que damos vacaciones a nuestras neuronas, y que podemos dejar la maquinaria cerebral funcionando al ralentí.

Pues bien, contrariamente a esta creencia popular, la neurociencia viene mostrando que la mayor parte del consumo energético del cerebro se da en estado de reposo. Un 70% de la energía que consume el cerebro de despliega en circuitos neuronales que no están en relación con acontecimientos conscientes. Ciertas áreas parietales (arriba de la cabeza, a los lados) se activan espontáneamente comunicándose información de forma automática. El ruido de fondo de esta "energía oscura" aparece no solo en estado de vigilia, sino en el sueño ligero y en estado de anestesia. 

 Cuando pasamos a prestar atención en algo, realizando así una actividad consciente y enfocada, tan solo se incrementa este consumo en un 5%. Por otro lado, se ha descubierto que la actividad basal energética de estas regiones (asociadas a recuerdos personales) cae en picado. Antes de descubrir que formaban todo un sistema en red, lo llamaron "área parietal medial misteriosa".

Un sistema que tiene prioridad sobre el resto de procesamientos, hasta que hay que prestar atención a señales sensoriales novedosas o inesperadas. Se puede incluso llegar a predecir cuando una persona va a cometer un despiste atendiendo a la actividad del RND. Si aumenta su actividad, es mucho más probable que desatendamos y cometamos un error. Parece ser que las personas con Alzheimer comienzan a funcionar únicamente con este sistema, y que las personas con depresión tienen graves dificultades para salir de este sistema. La sensación de "estar en el propio mundo" es tal, que se está también investigando su funcionamiento en personas con esquizofrenia, sin resultados aún concluyentes. 

Para la matemática y filósofa Annie Marquier esta red neuronal, tan asociada a los recuerdos personales biográficos, correspondería al comportamiento robótico del llamado "ego personal", un programa de predicción y control instalado en el miedo, que nos ha permitido sobrevivir como especie. Como reflejan los estudios, todo el trabajo de incremento de la atención consciente que se realiza desde "mindfulness" resulta la única manera de que el cerebro se tome un respiro de esta actividad basal dispersa. Por otro lado, Marquier, en línea con los estudios del instituto Heartmath, ven en el corazón a la sede de un tipo de consciencia y coherencia que nos saca de las garras de lo automatizado e inconsciente, con sabiduría y compasión.

A la atención se le suma una consciencia de orden superior, producto del trabajo de coordinación de la neuronas que constituyen el 70% de las células del corazón, y que nos permite aportar orden y concierto incluso a la actividad inconsistente y frenética de los recuerdos que se disparan automáticamente desde la RND. La clave por tanto está en permanecer atentos y compasivos ante lo que sucede en nuestra mente, lo cual va desprogramando ideas y creencias de baja calidad, que llevan a decisiones de baja calidad en nuestra vida.

La atención permite tomar decisiones más coherentes y conscientes, integradoras de más información presente en el medio, y de forma más eficiente en cuanto a consumo energético y tiempo empleado. Nos ponemos entonces en manos de la enorme inteligencia de la intuición. 

José Miguel Sánchez Cámara

 

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http://www.investigacionyciencia.es/investigacion-y-ciencia/numeros/2010/5/la-red-neuronal-por-defecto-1436

http://www.casadellibro.com/libro-el-maestro-del-corazon/9788492545223/1659822