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En una aldea próxima a Magerit, en plena Edad Media, vivía Carlota con su hijo pequeño. El padre desapareció al poco de nacer el niño, así que ella tuvo que ponerse a trabajar desde joven para sacar a su hijo adelante, con todo el amor que pudo darle.

Un triste día Carlota fue a comprar frutas al tumultuoso mercado de la aldea, que una vez por semana acogía a visitantes de toda la Comarca. En un momento de descuido, tras regatear el precio de unas manzanas con un mercader, se dio la vuelta y vio que su hijo, el pequeño Norberto, no estaba en el lugar en el que lo dejó.

Aturdida entre la masa, gritó su nombre sin recibir ninguna respuesta, mientras observaba cómo la gente seguía en sus menesteres, sin prestarle la más mínima atención. El mercado quedó vacío, y Norberto no volvió a aparecer.

En los alrededores pasaba un río y con él, en su cabeza, esos terribles presentimientos que la terminaron de abatir: ¡había tantas historias que se contaban sobre niños ahogados en ese río!. Carlota lloraba desconsoladamente y quedó tendida en la tierra, con el corazón roto por no poder cuidar a su niñito del alma. Sumergió sus manos en el agua, pidiendo al río que le devolviera a su hijo.

Cuando amaneció en casa, estuvo tentada de quitarse la vida..., pero un fuerte presentimiento que nacía de sus entrañas la llevó a continuar, para poder encontrar a Norberto. Su propia madre la había dejado abandonada en un cesto a la orilla del río cuando era bebé, con una nota en la que le pedía perdón, firmada con el nombre de Luz. Sentía que ahora no podía ser ella la que perdiese de esa manera a su hijo. Algo le decía que debía de seguir vivo y comenzó su búsqueda, comenzando por lo más el lugar más importante... Durante meses escribió diariamente al Rey relatándole lo ocurrido con detalle, expresando su terrible desconsuelo, y pidiéndole ayuda para encontrarle.

***

El Rey Liberto, acabó leyendo algunas de estas cartas, a pesar de haber dado la orden expresa a sus súbditos de que las arrojaran al fuego. Sus labores de regencia estaban destinadas a empresas más importantes que aliviar el desconsuelo de una simple aldeana. Sin embargo, finalmente, acabó interesándose por conocer a una persona que mostraba con tal claridad y fortaleza su propósito en la vida. Aceptó conceder su audiencia, y envió a un emisario que llevó a Carlota a su palacio.

Liberto tenía fama en todo el Reino por su dureza de carácter, y su temible fortaleza. Sus enfados habían llevado a menudo a cortar la cabeza a aquellos que disentían de sus opiniones, y a los traidores, a los que nunca perdonaba. Por ello, toda la corte acabó contagiándose de la intensa emoción de ver cómo una parte del corazón del Rey parecía haberse ablandado, ante esta conmovedora historia.

Por su parte, la Reina Romualda recorría el palacio enfurecida, acompañada de su séquito, soltando improperios contra su marido, tan irresponsable al dejar de lado sus ocupaciones y atender a una sospechosa plebeya. Eran cientos los niños que cada día morían de hambre y de peste, o asesinados en las batallas que se libraban. Era sin duda más importe atender a las necesidades de defensa y protección generales del Reino. Toda su labor de enfocaba diariamente a tratar de convencer al Rey de las necesarias reformas que debían efectuarse, para que el Reino no acabara sumido en el caos más absoluto, que sentía avecinarse. Tras una ardua discusión, el Rey golpeó fuertemente la mesa y dictaminó seguir adelante con la audiencia. La Reina se quedó en la sala, cruzada de brazos, pero permaneció en pie, rompiendo el protocolo de forma desafiante.

Tras exponer su demanda Carlota, en un ambiente más propio de un auto de fe, Liberto quedó conmovido por el relato. Recordó cómo su madre dedicó su vida a salvarle de una terrible enfermedad que asoló su infancia, y cómo confió en que finalmente él sería el heredero de la Corona. Vio en la cara de Carlota el hermoso rostro de su propia madre y dictaminó que enviaría a su más valioso guerrero a recorrer los confines de su Reino, en busca del pobre niño perdido.

En ese momento, al ver que ni siquiera había sido consultada, la Reina Romualda desató su furia contenida, nublada por los celos de ver a su marido conmovido y embelesado ante la presencia de esa sucia aldeana. Hizo el ademán de retirarse a sus aposentos, tras espetar a Carlota su incapacidad como madre, y lo irresponsable de su acción. Criticó también a su marido duramente, delante de los súbditos, por dejar al Reino desprotegido cada vez que se lanzaba a una nueva aventura, y su tendencia a satisfacer los placeres más mundanos.

El Rey, rojo de ira, se abalanzó hacia ella y entonces su hija la Princesa Patricia, se interpuso entre sus padres, llorando. Les pidió por favor que dejaran de pelearse de una vez, que los dos siempre guardaban algo de razón. Los padres se calmaron por un momento, para escuchar a su hija, que raramente expresaba su opinión. Ella les dijo que le parecía importante que su padre continuara con sus obligaciones, y que realmente estaba haciendo mucho bien en el Reino con su dedicación, coraje y fortaleza. También entendía que su madre sacrificara su vida conyugal como esposa, por el bien del Reino, y que pudiera sentir celos de aquella aldeana. Sin embargo, Patricia hizo ver a su madre que tenía que valorar, como lo estaban haciendo todos los súbditos, el buen corazón que estaba mostrando en aquel instante Liberto, y que eso podría hacer que los sectores más contrarios al Rey acallaran sus críticas hacia su dureza de carácter y altivez.

Entonces, tras mostrar su visión sobre el asunto, Patricia salió corriendo hacia sus aposentos, entre sollozos. Ella había pasado toda su infancia intentando que sus padres se llevaran bien, y se sentía cansada de tener que soportar el peso de todas esas discusiones... que con tanto empeño trataba de pacificar. La historia de Carlota la había emocionado profundamente, ya que ella también se sentía una niña abandonada, con unos padres tan solo preocupados por el futuro del Reino. No se sentía capaz de expresar su rabia, por el hecho de que fueran a atender la pérdida de ese niño, cuando sus padres nunca habían salido a su encuentro.

***

El Rey, calmado, hizo llamar a Genaro, el guerrero más sagaz, perseverante y fuerte de los que disponía en su ejército. Le encomendó entonces la búsqueda del niño Norberto, dejando aplazados todos sus menesteres hasta que no conociera su paradero. Genaro se inclinó ante él, en un gesto de lealtad sin tacha. Hacía tiempo que Genaro había quedado prendado de la energía serena que desprendía la hija de los Reyes, Patricia, y de este amor secreto había nacido toda su perseverancia y fortaleza en el combate. Sentía que su vida carecía de sentido si no podía ser al lado de Patricia, y su sola presencia inspiraba su espíritu de lucha. Nunca había expresado este amor a nadie, era algo que guardaba como su tesoro más oculto. Si el Rey se enterara de aquello, sin duda lo vería como una traición y una deslealtad, con lo que sentía que su cabeza se encontraba en permanente peligro.

La esperanza de Genaro era que Patricia quedara impresionada por su imagen de fortaleza, y ganar los suficientes méritos como para que el color de su sangre pudiera tornarse azulada, en virtud de algún posible título nobiliario que podría obtener finalmente de manos del Rey. Su interés en esta historia era por tanto instrumental.

Carlota abrazó a Genaro y le dio las gracias de todo corazón por la hazaña que se disponía a emprender. Contrariado ante este signo amoroso, Genaro salió corriendo de la sala, cogiendo un caballo sin detenerse, en busca de un aliado para su empresa.

***

Su mejor amigo y compañero de batallas, Amador, estaba apaciblemente en su casa escribiendo embelesado una carta de amor para su amada, Alicia. Perfumaba la carta con esencia de rosas, mientras terminaba de retocar un poema en el que veía cómo sus destinos estaban ya marcados, desde sus nombres. Él había nacido para amarla, a pesar de sus continuos rechazos, y su amor se escondía siempre bajo la armadura de una insistente actitud combativa. Él había sitiado tantos terrenos en luchas cuerpo a cuerpo, que sabía que finalmente ella caería rendida ante sus muestras de amor. Todas las semanas pasaba bajo el balcón de Alicia, y le dejaba una nota, una carta, y algún regalo.

Cuando su amigo Genaro le contó la misión que le había encomendado el Rey Liberto, rompió a llorar. De alguna manera, él también se sentía como esa madre, triste al no poder entregar el amor a su amada. Decidió acompañar a Genaro en tan noble empresa, y dado que tan solo pensaba en Alicia, creyó oportuno contarle su propósito, para ver si ella quedaba tocada también por esa historia que tanto resonaba en el interior de su coraza. Deseaba despertar la sensibilidad oculta de Alicia. Se secó las lágrimas, y lleno de esperanza cogió su caballo rumbo al palacio de su amada.

Alicia era hija de los duques de Oriol, y aún vivía con ellos en su palacete. En una de las almenas disponía de unos aposentos especiales en los que perdía las horas muertas dedicándose a su pasión: la pintura. Le encantaba pintar escenas bélicas con caballeros y sus armaduras resplandecientes a la luz del ocaso. Pintaba con asombroso realismo la sangre derramada en estos combates, anhelando en ella la pasión de ese caballero que un día vendría a robar su belleza. La escondía como un tesoro precioso, tan solo destinado al único que lo merecería. Amador le resultaba algo pesado en su insistencia, veía que no le dejaba espacio para enamorarse, y sentía que algo no iba a funcionar bien en esa relación. Sin embargo, en secreto, guardaba todas aquellas cartas y regalos en un cofre especial, como esperando que en algún momento la pasión pudiera llegar a apoderarse de su alma.

Cuando Amador le contó la historia de Norberto, quedó profundamente conmovida por las lágrimas derramadas por el noble guerrero. Su corazón se encendió por un instante, reflejada en la historia de ese niño que abandonado, estaría seguramente esperando que regresara el amor de su madre. Tanto como ella anhelaba ese amor ideal. Abrazó por primera vez a Amador, para consolarle, y le dijo que contaría aquella historia a sus padres, para que hicieran algo al respecto.

***

Los duques de Oriol eran personas muy reflexivas y cultas, pero habían amasado su fortuna a partir de una profunda desconfianza en la gente. Embarcarse en una empresa filantrópica y altruista estaba muy lejos de sus intereses vitales. Sin embargo, su hija Alicia era la única capaz de tocarles el corazón. El duque, Orlando, que solía entusiasmarse con las cuestiones que emprendía, planeó difundir por todo el reino la noticia del niño perdido. Con sus grandes dotes de orador podría convencer tanto a nobles como a plebeyos, de la importancia vital de aquella búsqueda. Cogió su caballo, sin perder más tiempo, y comenzó a contar esta historia de forma ininterrumpida, añadiendo tintes dramáticos que inventaba, en cada pequeña plaza que encontró en su camino.

La duquesa Teresa, mucho más introspectiva, se retiró a su lugar de estudio para idear la mejor forma de encontrar al niño. Tras pasar horas deliberando en silencio, decidió que lo mejor que podía hacer era coger un caballo y buscar pistas en todo el Reino, de forma que pudiera encontrarle por su cuenta. Imaginaba a ese niño ya en silencio, después de haber llorado desconsoladamente la pérdida de su madre, habiendo perdido ya toda esperanza, por lo que iba a tener que prestar mucha atención a las señales sigilosas que podría haber dejado a su paso.

***

Tras días de búsqueda, topó en su camino con uno de los mayores sabios, reconocidos en todo el Reino, Darío. Con su luminosa presencia, escuchó el relato de boca de la silenciosa duquesa Teresa, que empleó los términos justos, relatándole algunas pistas que podrían ayudarle a discernir el paradero del niño: pisadas cercanas al río, ciénagas, rastros de sangre, escenas de niños jugando en el campo, algunos llantos desconsolados resonando entre las piedras de las aldeas que visitó…

Darío se mesuró su larga barba canosa, y miró al cielo en busca de alguna señal que le pudiera dar pista alguna sobre esa amalgama de datos inconexos. Finalmente se rindió. Sin embargo, dio a Teresa la dirección de su maestra, la maga Indira. Tras hacer esto, le aconsejó no hacerla demasiado caso, ya que estaba ya bastante anciana, y parecía que de vez en cuando perdía la razón.

La duquesa quedó fascinada por la luz del sabio y su humildad al reconocer su ignorancia ante el tema. ¡La maga Indira! De repente sintió estar viviendo la mayor aventura de su vida, vivir en un cuento de hadas. Desconfiaba ampliamente de todas esas historias fantásticas de las que su hija tenía la cabeza poblada. Así que decidió seguir la advertencia del sabio, y actuó con cautela.

La dirección y el mapa que le dio Darío la llevó a un enorme roble centenario. Ofuscada en un principio por no encontrar nada más, de repente se sintió fascinada al observar con más detenimiento... ¡Lo que parecía un grabado en la corteza, tenía la forma de una puerta redondeada!  Dejándose llevar por primera vez por algo parecido a una corazonada, golpeó con sus nudillos esa especie de umbral.

***

Dio un salto hacia atrás al ver que la puerta se abría hacia adentro, y del árbol salió una anciana con ojos color índigo, unos ojos que nunca la habían observado tan profundamente. Tras presentarse como Teresa y decir que venía de parte del Sabio Darío, la mujer la invitó a pasar dentro del roble.

Se sentaron alrededor de una pequeña mesa circular, cubierta por un tapete morado. En el centro resplandecía una impresionante bola de cristal que reflejaba todas las imágenes del interior del roble, que parecía aún más grande en el interior.

Sin necesidad de que Teresa contara la historia del niño, Indira hizo un gesto con su mano, con los ojos cerrados, iluminándose de esta manera la bola de cristal. De repente, dentro de la bola, aparecieron todas aquellas señales que Teresa había observado en su búsqueda de Norberto. La sucesión de imágenes se detuvo en un detalle que en principio le había pasado desapercibido: Al pasar por la casa de Marcelo, un huraño anciano que era rechazado por todos los habitantes de su aldea, vio como entre la colada tendida aparecía la ropa de un niño pequeño. ¡Era algo tan incoherente, que tan solo podía ser la señal definitiva que indicaba el paradero de Norberto! Seguramente aquel horrible anciano, le había secuestrado… ¡Tenía que hacer llegar este mensaje rápidamente a aquella pobre madre, antes de que fuera demasiado tarde! Pidió ayuda entonces a la mujer.

La maga Índira entonces escribió unas notas con una pluma de cisne en un pequeño pergamino, y lo enrolló en la pata de una paloma que se posó repentinamente en la mesilla. Las dos dirigieron su mirada hacia arriba cuando la paloma levantó el vuelo y salió por una apertura en las gruesas ramas del roble. Aquella paloma supo llegar directamente hasta la casa de Carlota, que recibió sorprendida aquel mensaje que llegaba del cielo.

Las lágrimas de alegría embriagaron a Carlota, cuando recibió por fin la noticia del paradero de su amado hijo Norberto. Corrió sin pensarlo hacia la casa del extraño anciano, situada a la orilla de un lago, y llamó a la puerta. 

***

Tras esperar durante bastante tiempo, de repente la puerta se abrió desde dentro, permitiendo que el cuerpo de un anciano cayera desplomado a sus pies. Sus últimas palabras fueron: -“Luz”. Había realizado su último acto en esta vida... pero su cara aparecía serena en su muerte fulminante. Ver los ojos de amor de aquella mujer, le hicieron entender que era la madre de la criatura que había acogido en su casa… Esto le llenó tanto de amor y emoción, que su frágil corazón no pudo soportar la tensión. Estalló en un acto de amor sin límites, y derramó aquella sangre brillante que tantas veces había pintado Alicia. Toda la vida de este pobre anciano cobró significado en ese último aliento. Su rostro expresaba la satisfacción de ese heroico momento. 

Dentro de la casa, Carlota observó la silueta de una anciana que, sentada, acunaba en su regazo a un niño. ¡Era su Norberto! Entonces gritó de alegría, con el corazón encogido por tanto sufrimiento retenido en su interior. Le dolía ahora de felicidad... 

La anciana hizo una señal de silencio, juntando su índice a sus labios. – ¡Sssh! Está dormido, ha estado llorando mucho tu ausencia, a pesar de que le hemos tratado de cuidar lo mejor posible. Mi marido lo encontró perdido en el mercado, y lo trajo a casa. Sabíamos que vendrías a buscarle –

Sorprendida por la seguridad de esa mujer, en la que percibió síntomas de invalidez, e invadida por una extraña sensación de tranquilidad, se acercó a ella para contemplar, admirada, un rostro que le resultaba extrañamente familiar. La anciana, al mirar a la joven madre, reconoció su propio rostro rejuvenecido, aquel que solía contemplar a la orilla del río. Aquel río en el que una vez dejó abandonada a una hija no deseada, por ser demasiado joven para cuidarla.

Al reconocerse mutuamente, se besaron con un inmenso cariño. Entonces Norberto despertó para abrazar con entusiasmo a su madre. Ella le dijo con ternura: “Norberto, te presento a tu abuela, Luz”. Él entonces abrazó a la anciana entre risas, y las dos comprendieron que para el niño toda esta historia con final feliz, no había sido más que un juego.

Gracias a la labor del Duque Orlando todos los habitantes de aquel reino, expectantes por conocer el destino del pequeño Norberto, acabaron conociendo esta que resultó ser la historia de búsqueda más grande jamás contada en el Reino. Carlota guardaría siempre en secreto que, para su gran sorpresa, el duque Orlando no era otro que el padre de Norberto, con el que mantuvo en su juventud un romance imposible.

Este orador, descendiente lejano de los Duques de Oriol, se despide pidiendo a aquellos que han escuchado esta historia que la continúen difundiendo. Cuando uno cuenta esta historia, acaba encontrando todo aquello que su alma anhela profundamente: su niño interior.

FIN

 

JOSÉ MIGUEL SÁNCHEZ  CÁMARA

 

La historia narra El camino de La búsqueda individual espiritual, representada em El Ascenso de kundalini Del chakra raiz AL chakra corona. De La herida infantil AL niño interior sano. El reencuentro com La sabiduría Del maestro interior, representado también por La abuela perdida.

Esta es la representación de una teoria de elaboración propia que integra las teorias de los niveles transpersonales de la conciencia, los chakras, los arquetipos y el eneagrama de la personalidad, con sus eneatipos. La he llamé Teoría ZYGURAT  (Zen, Yoga, Gnosis Universal, Reiky y Acompañamiento Transpersonal), la cual presenté como Proyecto Vital al terminar mi formación como Terapeuta Transpersonal. Los zygurats eran las pirámides de La cuna de la civilización, Mesopotámia, desde los cuales lós “magos” contemplaban y acercaban el cielo a la tierra. En rojo los puntos yang (ida-sistema autónomo simpático) y en negro los puntos yin (pingala-sistema autónomo parasimpático). En blanco, el canal central o sushumna nadi (sistema nervioso central).

 

Prepersonal (anterior a La personalidad)

Río: Energía Vital, kundalini. Chakra raíz. (prepersonal, sin eneagrama)

Norberto: Arquetipo del niño Interior perdido. Chakra raíz.

Carlota: Maga

Padre de Norberto: Chamán

 

Personal

Triada instintiva (ira – alegría de vivir)

Reina Romualda: Arquetipo de la reformadora ( eneagrama 1) chakra sexual

Rey Liberto: Arquetipo del der Espiritual (eneagrama 8) chakra sexual

Princesa Patricia: Arquetipo de la pacificadora (eneagrama 9) chakra plexo solar

 

Triada emocional (tristeza- amor consciente)

Guerrero Genaro: Arquetipo del guerrero de luz (eneagrama 3) chakra plexo solar

Guerrero Amador: Arquetipo del terapeuta (eneagrama 2) chakra corazón

Alicia de Oriol: Arquetipo Del artista (eneagrama 4) chakra corazón.

 

Triada racional (miedo- paz interior)

Duque Orlando de Oriol: Arquetipo orador (eneagrama 7) chackra garganta.

Duquesa Teresa de Oriol: Arquetipo Del testigo (eneagrama 5) chackra garganta

Sabio Darío: Arquetipo del discípulo (eneagrama 6) chakra tercer rojo.

 

Transpersonal (personalidad o ego trascendido)

Maga Indira: Arquetipo iniciada (transpersonal, Sin eneagrama) chakra 3er ojo

Abuelo Marcelo: Arquetipo maestro espiritual (transpersonal) chakra corona.

Abuela Luz : Arquetipo Del Guru (transpersonal) chackra corona.

 

La página de www.escuelatranspersonal.com