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compasión

Juicio: La sombra alargada del ideal

Uno de los pilares fundamentales de mindfulness tal y como lo expone Jon Kabat-Zinn es el de "non-judgement", traducido como no-juicio. Tras cierto recorrido con esta compasiva intención formulada, uno se llega a preguntar si es posible para la mente humana dejar de juzgar. 
 
Cuando generamos un nuevo ideal sobre el comportamiento del ser humano, parece intensificarse el polo opuesto de lo que se pretende alcanzar. La tentación se alimenta inconscientemente. Empiezo a pillarme juzgando severamente a aquellos a los que observo juzgar a otros... y resulta difícil ser consciente de este juicio. No digamos si es nuestra persona la que resulta juzgada... mi reacción no tarda en estallar contra aquel que expresa impunemente su juicio hacia mí. 
 
Fácilmente acabamos cumpliendo la función de policía del no-juicio, tratando de que sean las personas de mi entorno cercano las que dejen de juzgar a los demás, y por ende, a mí mismo. Esto es, usamos el concepto de no-juicio como una nueva estrategia para salvaguardar nuestro ego y nuestra imagen, ya que lo que más nos apela de este ideal es que dejemos de ser al fin juzgados por nuestros actos. Seguramente, con algo de indagación, lleguemos a la conclusión de que tan solo me afectan los juicios de los demás si previamente yo mismo me juzgo. No hay juez más implacable con nosotros mismos que nuestra voz autocrítica. Los demás tan solo meten el dedo en una llaga/herida previa.  
 
Otra resistencia clara a la hora de adoptar el no-juicio depende de una sana pregunta: ¿Dónde quedan mis propios gustos, preferencias... mi criterio personal, en definitiva? Parece que no se trata de terminar de "perder el juicio" y la sensatez a través de mindfulness, sino dejar de juzgar lo que no me gusta o no comprendo. No es necesario perder la perspectiva propia, sino darme cuenta de que es una perspectiva más... válida, pero no única. No-juicio lleva a ampliar la conciencia. A nivel personal, los juicios definen una forma de ser distintiva. Tan solo desde un nivel transpersonal puedo colocarme en la posición de observar las diferentes perspectivas de manera imparcial. Nuestra parte personal siempre será parcial... pero, ¿puedo darme cuenta de la visión subjetiva que añado a la realidad?
 
Antes de deshacerme de un juicio o de soltarlo, es necesario que sea capaz de observarlo, de reconocer que estoy juzgando. Si me juzgo por juzgar, será más difícil darme cuenta de que juzgo. El juicio pasa a formar parte de lo que me avergüenza de mí mismo, pasando a disociarlo internamente y relegarlo al inconsciente, donde actúa de manera acentuada. Los demás se dan cuenta de la manera pasivo-agresiva en la que juzgo... ¡y ahora sin darme cuenta de que lo hago! 
 
La sombra de nuestros ideales es alargada en nuestro inconsciente. Mejor sentir compasión por una mente humana que hace su trabajo, juzgando y comparando. Para trascender, es necesario previamente observar y reconocer, de manera que pueda darse una trascendencia desde la integración. El círculo vicioso y pertinaz del juicio encuentra su salida cuando comienzo a ser compasivo con mi propia tendencia a juzgar, y a juzgarme. Es el único punto en el que puedo comenzar a ablandar mi mirada interna, ya que lo contrario me mantiene en las ascuas del autojuicio. 
 
Esto no implica que seamos condescendientes con los aspectos que podemos actualizar de nosotros mismos. Cuando encuentro la suficiente valentía para reconocerme y aceptarme tal y como soy, es cuando puedo darme el permiso para, de manera compasiva, efectuar una pequeña mejora posible en cada momento de consciencia. Si mantengo la voluntad de madurar, tampoco tengo por qué mostrar fuera mis aspectos sombríos. Los mantengo dentro por compasión, veo lo compasivo que es mantener filtros y cierta máscara social. No pierdo autenticidad en la medida que no me hago inconsciente de esos aspectos... mantengo mi trabajo interno de autoindagación, autocompasión y mejora continua.
 
De lo contrario, acabamos usando la norma idealizada del no-juicio para activar ese nivel infantil pre-personal que busca hacer lo que a uno le viene en gana. ¡Soy auténtico, no me juzgues! Observemos este nuevo juego de la mente, en el que tan fácil es caer. 
 
Permanezcamos atentos en este juego de espejos, para ver cuanto antes qué aspecto de mi propia sombra personal reflejan mis juicios hacia los demás. Una puerta abierta al conocimiento de uno mismo. Al dejar de juzgar, dejo de juzgarme. No necesito juzgarme para mejorar. De hecho, me dispongo a mejorar sin tanta resistencia cuando soy más compasivo conmigo mismo. Reconozco humildemente que tengo aspectos a actualizar, pero sin embargo esto deja de avergonzarme. Después de todo, soy un ser humano más. No permito que mis ideales se vuelvan en mi contra, volviéndome una persona rígida con los demás... Si me vuelvo rígido, lo observo cuanto antes...
 
Aquellos que luchaban por el ideal de "amar al prójimo" acabaron torturando... Parece que no es buena idea luchar contra el mal. Enfoca la atención en amar más... incluso al que te juzga. Su juicio tan solo refleja el conflicto interno en el que sigue sufriendo. La compasión es la clave.