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Atención Plena

Mindfulness del día-a-día (2)

Hace ya tiempo que borré la distinción entre "deporte" y trabajo espiritual a través del cuerpo, gracias a la atención plena (mindfulness). Antes de ducharme, por la mañana, dedico cada día un tiempo a honrar al cuerpo, el que va a cuidar de mí y de mi mente a lo largo de la jornada. 

Me coloco en un espacio de silencio en el banco de abdominales, y me preparo para realizar un agnihotra, un ritual de fuego. Atiendo a cómo se encuentra mi plexo solar, recién despierto. Un saludo al sol matutino... saludo al día (la palabra día comparte etimología con "dios"), a la realidad brillante que me va a rodear, honrando al fuego interior, al sol interior. Puedo sentirlo en la boca del estómago.

La respiración, honda, activa este fuego. Al desplegar las abdominales, el aire entra más profundo... llega hasta esta brasa interior, para avivarla. Al exhalar y contraer las abdominales, los pulmones actúan como fuelle. Llevo la cuenta interna de cada abdominal... mi atención tan solo se centra en la sensación física sentida en esa parte del cuerpo. Plena atención. Cada abdominal es única, presente... Siento como con cada una de ellas se va activando ese fuego... cómo todo mi cuerpo entra en calor, y el corazón distribuye la sangre caliente y llena de vida. Cada célula sonríe agradecida.

Después, entro en contacto con las pesas. En el yoga, el propio peso del cuerpo es la "pesa". Sin embargo, gracias a las pesas puedo sentir con más intensidad mi propia musculatura, destonificada por la mañana. Me tomo un momento para conectar con ese peso extra, para hacerlo familiar en lugar de extraño. Siento en las palmas de mi mano el contacto del metal y sus estrías, que se agarran y acoplan a mi mano. Con el fuego interior ya activo, abro los brazos, y conecto ese movimiento con el interior. Siento cómo parte de dentro hacia fuera, y vuelve a sí mismo. 

Después acerco las pesas alternativamente al corazón. Trabajo los bíceps, gran símbolo de nuestra propia voluntad, de la fuerza. Ellos son la expresión del amor en acción, cuando se conectan con el corazón. Siento cómo se van hinchando, llenándose de este amor... preparándose para la acción y el servicio amoroso del día. 

Al elevar las pesas hacia el cielo, en paralelo, siento cómo me desperezo, cómo se despierta la atención. Comenzar el día puede resultar duro, hay una pesa que se instala en los hombros ante la responsabilidad del día. Ese movimiento hacia arriba hace que me haga consciente de esta carga, intensificándola. Al trabajarla, refuerzo mi voluntad de "agarrar el día", de responsabilizarme de él y de mi despertar. De no vivir adormilado, esperando simplemente volver a descansar. Me hago responsable de mi vida... Y al terminar el proceso de trabajo, siento que todo mi cuerpo está menos pesado, que al trabajar con las pesas siento que el resto del día va a ser menos pesado, que puedo tomarme las cosas con más ligereza, y que el cuerpo estará ahí para apoyarme. Le doy las gracias.

Vuelvo al ritual de fuego de las abdominales, y después paso a ducharme. Siento cómo el agua fresquita me despeja, y me hace sentir con más sensibilidad aún ese fuego interno, y el calor que ha generado. 

Después de esto, la práctica de yoga distensa y flexibiliza, pero se llena de fuerza y energía. Sentarme después a meditar me lleva aún más adentro, sin perder la conexión con el cuerpo, que está siempre presente y activo, y aterriza la práctica de meditación, para salir de ella con más entusiasmo de vivir, de disfrutar del día y del trabajo de una forma relajada, distendida y atenta. 

José Miguel Sánchez Cámara