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Mindfulness del día-a-día (1)

Quiero aprender a comer más despacio. Aprender a saborear y dar valor a lo que tengo delante del plato, y que sé que en el espacio de unas horas va a formar parte de mí... a ser componente de organismo. Mis emociones surgirán del nivel energético que tenga el cuerpo. Mis pensamientos surgirán del estado en que estén mis emociones. Algunos pensamientos me llevaran a despertar del sueño automático, y recordar la importancia de observar. 

He descubierto que es más fácil que atienda a lo que como si me lo preparo yo mismo. Solo por el coste y la atención de la preparación, a uno le da más "rabia" terminar en unos pocos minutos con lo que ha tardado tiempo en hacerse. Lo que cuesta poco, acaba valorándose poco.

Enciendo la vitrocerámica que sustituye al tradicional fogón. Fuego... un símbolo de transformación. Aparece en la vitro contenido, una transformación limpia, uniforme.. y ¡ordenada en forma de laberinto!... La comida que voy seleccionando con amor, deshechando aquello que no deseo forme parte de mí... contemplo como se mueve al ebullir. Da saltos de alegría al saber que su muerte ha sido para algo... que volverán a tener vida en mi interior. Honro a la comida, y ella me honra. 

El laberinto de la vitro se conecta con el que tendrá que atravesar la comida en la digestión, al pasar por los intestinos. El momento último del proceso donde cada componente pasará a la sangre. Todo lo que mentalmente cuesta asimilar, se simboliza en el ritual de la digestión, y en la gran odisea que supone cada parte del proceso. Se realizará de forma automática... así que lo único que está de mi parte es que se de en un ambiente distentido, relajado... y que me permita estar atento a lo que sucede.

Sin tele. Sin conversación externa ni interna. Solo ante la comida. La primera parte es voluntaria si la hago consciente. Observo los colores. Huelo los olores. Intuyo las texturas antes de saborearlas... Cada bocado merece su cata de mindfulness... de atención plena. Gozo cada bocado, y con él... gozo de cada instante que se va presentando en mi vida. Mastico con delicadeza... como señal de agradecimiento. El camino será más fácil si los trozos son más pequeños... y están bien salivados.

¡Vaya, me dejé la vitro encendida!

Respiro, y antes de machacarme apagándola con violencia... prefiero dedicar un tiempo a observar la belleza del precioso mandala que forman las resistencias candentes en su superficie...

José Miguel Sánchez Cámara

 

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